Nerva celebrará este próximo jueves 29 de octubre, a las 19:00 horas en el Museo Vázquez Díaz, la asamblea constitutiva de una nueva asociación memorialista, una iniciativa que pretende impulsar la investigación, recuperación y difusión de la historia del municipio, así como dignificar a las víctimas de la represión. El encuentro busca sumar a familiares, investigadores y vecinos dispuestos a colaborar en un proyecto que nace con vocación colectiva. María Pozo, bisnieta del médico Cristóbal Roncero, fusilado en agosto de 1937, anima a los vecinos a participar en la asamblea constitutiva de la nueva asociación memorialista.
María Pozo, médica de profesión y bisnieta de Cristóbal Roncero, médico muy respetado y querido que ejerció en Nerva y fue fusilado por las fuerzas franquistas en agosto de 1937, es una de las personas que quieren contribuir a poner en marcha esta iniciativa. Su propia historia familiar está ligada a la recuperación de la memoria democrática: lleva años intentando localizar y recuperar los restos de su bisabuelo, que fue trasladado a una fosa común en el cementerio de Valverde del Camino tras ser asesinado durante la Guerra Civil.
“Recuperar esta memoria colectiva no es remover el pasado, es comprender lo que somos ahora, dignificar a los que lo perdieron todo, incluso la vida, y construir un futuro mejor para nuestros hijos”, aclara, considerando que Nerva tiene una historia que merece ser investigada y transmitida a las nuevas generaciones.
La nueva asociación aspira a recoger testimonios de familiares, recuperar documentos y fotografías, investigar los acontecimientos relacionados con la Guerra Civil y la posterior represión, y preservar la memoria oral de las personas mayores. María considera que muchas historias locales han permanecido durante décadas en el ámbito privado de las familias y que ha llegado el momento de conocerlas y darles el lugar que merecen.
En este sentido, defiende que la memoria histórica tiene también una dimensión educativa. A su juicio, es necesario acercar lo sucedido a los jóvenes mediante charlas, talleres y actividades en centros educativos, así como organizar exposiciones y otras iniciativas divulgativas que permitan a la ciudadanía conocer mejor el pasado de Nerva.
“No podemos construir una sociedad plenamente consciente de su historia si seguimos dejando fuera una parte de ella”, afirma. Para María, conocer las consecuencias de la represión y la falta de libertades resulta fundamental para comprender el valor de los derechos y las libertades actuales.
Entre las cuestiones que considera prioritarias se encuentra también la dignificación de las 266 víctimas cuyos restos fueron exhumados de las fosas del cementerio de Nerva y que permanecen en cajas almacenadas en el propio camposanto, a la espera de recibir sepultura en un lugar apropiado y digno.
María sostiene que todavía queda mucho trabajo por hacer, tanto en la investigación histórica como en la recuperación de testimonios y en la transmisión de ese legado. La historia minera de Nerva y de la Cuenca Minera, marcada por las reivindicaciones sociales y la represión posterior al golpe de Estado de 1936, constituye, en su opinión, un motivo añadido para mantener vivo ese trabajo.

La historia de su bisabuelo, el impulso de una búsqueda
La implicación de María en este proyecto tiene una raíz familiar. Su bisabuelo, Cristóbal Roncero, ejercía como médico en Nerva cuando se produjo el golpe de Estado de julio de 1936. Según el relato que ha podido reconstruir, fue sacado de su casa durante la madrugada del 14 de agosto de 1937 y trasladado al Ayuntamiento, donde permaneció detenido durante varias horas.
A la mañana siguiente fue conducido junto a otras dos personas en un autobús de línea con destino a Huelva. Durante el trayecto, antes de llegar a Valverde del Camino, los tres fueron obligados a bajar del vehículo y fusilados en la cuneta de la carretera. Sus cuerpos fueron trasladados posteriormente al cementerio de Valverde y arrojados a una fosa común, según la información que maneja la familia.
Tras el asesinato, la abuela y la bisabuela de María abandonaron Nerva para siempre. Décadas después, la búsqueda de los restos de Cristóbal Roncero llevó a María a trasladarse desde Inglaterra, muy cerca de Oxford, donde ejercía la medicina, hasta el municipio en el que su antepasado había vivido y trabajado.
Hace aproximadamente ocho años comenzó a solicitar la exhumación de los restos al Ayuntamiento de Valverde del Camino. Desde entonces, explica, esa búsqueda se ha convertido en una parte importante de su vida y le ha permitido conocer a otras familias marcadas por experiencias similares. “Hay una necesidad de entender cómo el asesinato de mi bisabuelo ha afectado, incluso 90 años después, a todos los que hemos venido detrás”, señala.

Una convocatoria abierta a toda la ciudadanía
De cara a la asamblea constitutiva, María espera que el encuentro sirva como un punto de partida sólido, en el que se compartan propuestas y se establezcan objetivos comunes para hacer realidad la asociación. Considera que la iniciativa necesitará compromiso, esfuerzo y la participación de muchas personas para tener continuidad.
Por eso, insiste en que no es necesario contar con conocimientos especializados para colaborar. Los testimonios familiares, los documentos, las fotografías y los recuerdos de quienes vivieron aquella época pueden resultar fundamentales, al igual que la ayuda para organizar actividades o difundir el proyecto.
“Cada persona puede contribuir de una manera diferente”, afirma. Su llamamiento se dirige tanto a quienes tienen historias familiares relacionadas con la represión como a cualquier vecino interesado en preservar la memoria del municipio. María confía en que la asamblea permita sumar voluntades y dejar a un lado las diferencias para trabajar por un objetivo compartido: investigar, preservar y transmitir la historia de Nerva a las generaciones futuras.
“La memoria democrática es una responsabilidad colectiva”, concluye, convencida de que la participación ciudadana será determinante para que la nueva asociación pueda desarrollar su labor y evitar que las historias silenciadas vuelvan a quedar en el olvido, y finaliza con agradecimientos a todas las personas que le han ayudado en cada paso que ha dado para llegar hasta aquí, “eternamente agradecida por el cariño, el apoyo, el tiempo y esfuerzo que me han dedicado, porque se lo han dedicado a Cristóbal Roncero Piñero.
