De Nerva al CSIC: la científica nervense Beatriz Pérez investiga cómo mejorar la calidad de los alimentos

por Juan Antonio Hipólito Domínguez / 15 de Octubre de 2026 / Publicado en Educación, Nerva

La joven científica nervense Beatriz Pérez López se encuentra desarrollando su tesis doctoral en el Instituto de la Grasa de Sevilla, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde estudia nuevas tecnologías para conservar el color natural de los vegetales y mejorar la calidad nutricional de los productos alimentarios. Durante una entrevista concedida a Onda Minera, repasa sus comienzos en el mundo de la ciencia, su trayectoria formativa y profesional, y reivindica una mayor inversión pública en investigación a la vez que anima a las niñas a perseguir su vocación científica. Su trayectoria, marcada por la curiosidad científica, la formación continua y la dedicación, constituye un ejemplo del talento joven de Nerva y de la presencia de las mujeres en el ámbito de la investigación.

 

Beatriz realiza su tesis doctoral en el IG-CSIC gracias a un contrato predoctoral de Formación de Personal Investigador (FPI), vinculado a un proyecto nacional que pretende desarrollar nuevas estrategias para mejorar el color verde de los alimentos líquidos elaborados a partir de vegetales. La investigación se centra en la clorofila, el pigmento natural responsable del color verde de las plantas, y en las posibilidades de conservar sus propiedades durante el procesamiento de los alimentos.

“En la industria, el color es un atributo de calidad”, explica la investigadora, que destaca la importancia que tiene este aspecto para el consumidor. El reto consiste en encontrar procedimientos que permitan mantener el aspecto natural de los productos sin recurrir a soluciones que no aporten valor nutricional. Para ello, su equipo estudia la aplicación de la homogeneización a alta presión, una tecnología que permite modificar las características físicas de los alimentos líquidos mediante la reducción del tamaño de sus partículas y la estabilización de sus emulsiones.

La hipótesis de trabajo es que la combinación de esta técnica con otra tecnología patentada por su grupo para estabilizar el color podría contribuir a mejorar tanto la apariencia como la calidad nutricional de los productos. La investigación se encuentra todavía en una fase experimental. Tras aproximadamente un año y medio de trabajo, el equipo está probando distintas presiones y números de pasadas del producto por el equipo de homogeneización para analizar los resultados. “Los resultados son prometedores”, señala Beatriz, que recuerda que el proyecto contempla tres objetivos y que todavía están trabajando en el primero.

 

 

De la resistencia de los guisantes a la calidad alimentaria

La trayectoria profesional de Beatriz ya incluye una primera experiencia investigadora en el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC, en Córdoba, donde trabajó en un proyecto relacionado con la mejora genética vegetal. Su labor se centraba en estudiar la resistencia de las plantas de guisante frente a Fusarium oxysporum, un hongo patógeno del suelo que provoca enfermedades en estos cultivos. Mediante técnicas de microbiología, ensayos de toxicidad, extracción de ARN y secuenciación, el equipo buscaba identificar los genes relacionados con esa resistencia.

Su paso de la investigación agrícola al estudio de los alimentos refleja la diversidad de campos en los que puede desarrollarse la biotecnología, una disciplina multidisciplinar que utiliza organismos vivos, sus derivados y sistemas biológicos para contribuir a mejorar la vida humana.

En el ámbito alimentario, además de investigar, Beatriz reconoce la importancia de que los consumidores conozcan mejor lo que comen. Ella misma asegura que suele leer las etiquetas de los productos, aunque advierte de que no todo el mundo puede prestar la misma atención a estos aspectos y recuerda que el precio condiciona las posibilidades de acceder a una alimentación saludable.

Una vocación que nació de la curiosidad

La historia de Beatriz con la ciencia comenzó mucho antes de llegar a los laboratorios del CSIC. Desde pequeña se sintió atraída por el conocimiento y por la necesidad de comprender el porqué de las cosas. Un libro sobre el universo, la Tierra y la paleontología despertó especialmente su interés. En su casa siempre hubo libros y recuerda que su padre le acercaba lecturas que alimentaban aquella curiosidad. Más tarde, durante su etapa escolar, las asignaturas científicas fueron ganando protagonismo entre sus preferencias.

Estudió el grado de Biotecnología en la Universidad de Cádiz y continuó su formación con un máster en esa misma universidad. Posteriormente cursó el máster en Avances en Calidad y Tecnología Alimentaria en la Universidad de Granada y el máster de Profesorado en la Universidad de Huelva. Esta última decisión estuvo relacionada con su interés por la educación y la divulgación científica, así como con las dificultades del mercado laboral durante la pandemia. Mientras completaba esa formación recibió la oportunidad de incorporarse al Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba.

 

 

Las mujeres en la ciencia: talento, sacrificio y oportunidades

Durante la entrevista, Beatriz también reflexiona sobre la situación de las mujeres en la investigación científica y las dificultades para consolidar una carrera profesional estable. La investigadora considera que persisten estereotipos sobre las capacidades de hombres y mujeres y señala que todavía queda camino por recorrer, especialmente en los puestos de dirección y liderazgo. 

Entre las científicas que admira menciona a Rosalind Franklin, referente histórico de la investigación que contribuyó al conocimiento de la estructura del ADN. No obstante, subraya que no siempre es necesario buscar los ejemplos lejos, porque también los encuentra en sus propias compañeras. En su propio entorno laboral encuentra referentes cercanos: destaca que en su grupo hay muchas mujeres “muy trabajadoras y muy capaces”.

La carrera investigadora, explica, exige un esfuerzo prolongado y puede dificultar la planificación de la vida personal y familiar. Según su experiencia, alcanzar un puesto estable puede llegar a producirse entre los 45 y los 50 años, con suerte, una perspectiva que evidencia la incertidumbre que puede acompañar a quienes deciden dedicarse profesionalmente a la ciencia.

Más inversión pública para investigar

Otro de los asuntos abordados en la entrevista es la financiación de la ciencia. Beatriz recuerda que su anterior contrato en Córdoba estuvo vinculado al programa Investigo, financiado con fondos europeos y gestionado en aquel caso a través del sistema público.

A su juicio, la financiación pública resulta fundamental para que los investigadores puedan desarrollar su trabajo, aunque considera que los recursos disponibles siguen siendo insuficientes. También apunta a la necesidad de que España se acerque a otros países de la Unión Europea que destinan más recursos a la investigación.

Su reflexión pone el foco en la importancia de mantener el apoyo institucional a los proyectos científicos y de ofrecer oportunidades a quienes comienzan su trayectoria profesional, especialmente en una carrera que requiere años de formación, experimentación y dedicación antes de alcanzar la estabilidad.

 

 

“La ciencia no es para genios, es para gente trabajadora que persigue sus sueños”

Beatriz también quiso lanzar un mensaje a las niñas y jóvenes que sienten curiosidad por la ciencia, pero que quizá todavía no se imaginan desarrollando una carrera investigadora. Su consejo es que persigan aquello que les gusta, sin dejarse frenar por la dificultad del camino. “Si os gusta la ciencia, si tenéis esa vocación y queréis perseguir una carrera científica, mucho ánimo, que lo vais a conseguir, que con esfuerzo y dedicación todo se consigue”, afirma. Y resume su manera de entender la investigación con una frase que considera especialmente importante: “La ciencia no es para genios, la ciencia es para gente trabajadora y que persigue sus sueños”.

Al mirar atrás, a aquella niña que descubrió la paleontología entre las páginas de un libro, Beatriz tiene claro qué le diría: "que siguiera adelante, que no se rindiera y que mantuviera la constancia". Una filosofía con la que continúa afrontando su tesis doctoral y construyendo una carrera científica que todavía tiene mucho recorrido por delante. Desde el Instituto de la Grasa del CSIC, esta joven de Nerva contribuye hoy a generar conocimiento y representa un ejemplo cercano para quienes aspiran a encontrar en la ciencia su futuro profesional.

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